ATENTADO CONTRA EL ESTADO DE DERECHO
Increíble, pero cierto. Nadie en la historia de la democracia lo había
conseguido, y Gallardón, él solito con la Ley de Tasas lo ha logrado; el
rechazo total de la comunidad jurídica; todos los togados a la calle en
pie de guerra; fiscales, secretarios, procuradores, abogados y jueces
de todos los pelajes coinciden en su diagnóstico: atentado contra el
Estado de derecho. No se trata de privatizar la justicia, se trata de
suprimirla. A partir de ahora el Estado se desentiende de garantizar el
cumplimiento del derecho a la justicia universal a todos por igual, sin
discriminación por sus recursos económicos, como manda la Constitución.
Ahora solo se tendrá que garantizar la tutela judicial efectiva a los
ciudadanos ricos, los de las grandes fortunas, de las sicavs y a las
empresas del Ibex-35, dejando a su suerte a la clase media. La justicia
es un valor superior, consecuentemente no es un servicio público sino
que la justicia es la acción y el resultado del ejercicio de la función
jurisdiccional del Estado y por ello un valor superior en el que se
sustenta la Constitución, de donde emana la potestad jurisdiccional. Por
tanto no se puede cobrar por su prestación y menos con esos criterios y
cuantías. Hay que acometer reformas en leyes tan vetustas como los
códigos civil y de comercio o la Ley de Enjuiciamiento Criminal del
siglo XIX o la hoy tan criticada Ley Hipotecaria del siglo pasado y
regular de manera clara la socialmente demandada dación en pago.
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